DOS PALABRAS


A su conjuro retembló el espacio, 

y el tiempo inmensurable se detuvo; 

Cronos eterno su hálito contuvo 

y Febo inundó el cielo de topacio.


     Y se pobló de vívidos diamantes 

el cielo de la noche silenciosa; 

y del Alfa al Omega cadenciosa 

surgió la dicha en todos los amantes.


    Formando su armonía dulce, tierna, 

sencillas como el brillo de una estrella, 

ornando irán de flores el sendero...


    Portadoras de vida sempiterna.

Recoge tu alma, escúchalas en ella: 

dos palabras... recíbelas: ¡TE QUIERO!


          Abraham Seguel Obreque 

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