OYENDO A BEETHOVEN


Mar eterno sin fondo y sin orillas, 

más eterno que el Caos y que el Cosmos, 

más inmenso que el tiempo y el espacio:


El Caos comenzó a ser, no tus arpegios, 

que fueron siempre y nunca comenzaron.


     ¡Oid, modestas ráfagas, fugaces 

jirones en el Tiempo, 

cómo el aire se sonrosa, y perfuma y enternece, 

y las mil arpas de oro de los vientos 

vibran notas de gozo y de dulzura!


   "Freude, Freude" es saudade y es promesa, 

y es dolor, y es angustia de la especie, 

de la esencia del Cosmos y la estirpe...

"Freude, Freude" es el coro de los ángeles, 

y anatema-esperanza del precito,

y es la voz del Destino en cuatro notas, 

y el canto de la Muerte entre los grajos, 

y el triunfo del delirio y los dolores, 

y el ansia del Centauro derrotado, 

y Júpiter que emerge entre las nubes 

con rayos en la frente y en la diestra, 

más inmenso que todos los espacios.


   O el susurro dulcísimo, silente, 

sibilante del llanto de la estrella, 

y la brisa, suavísima caricia 

de ternura fragante y apacible;

o el lánguido lamento de las olas 

rasgando el mar azul en los escollos, 

o alzando hasta las nubes resonantes 

la clámide soberbia de su espalda.


   ¡Oh, Beethoven querido, canta, canta 

tus ingentes, eternas sinfonías, 

trae al alma la paz que eterna busca 

en la ergástula triste de la tierra!...


   "Allein, allein", dijiste y respondieron 

mil notas sempiternas, luz de acordes 

como un chorro de abejas de diamante 

hirieron los cordajes de tus liras...

Te hicieron inmortal y no supiste, 

y viviste tu anécdota llorando,

y nadie consoló tu desconsuelo.


   Mas hoy tiemblan los mundos al oírte, 

oh, Beethoven querido,

lanza a fluir y a coruscar tus notas: 

¡¡¡Deténgase los astros!!! Es Beethoven.


Abraham Seguel Obreque  ®

Espadas al Viento 

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