ODA A LA VIRGEN DE LA TIRANA Lanza un rayo de tu fúlgida corona sobre mi alma peregrina, madre amada: sólo así podré alabarte con el canto de las aves, con las ráfagas potentes de los recios huracanes de la pampa, con las flores del aromo del desierto, y la espina lancinante del hirsuto tamarugo, y el arrullo de la brisa de Matilla y de la Huayca. Ilumina con tus ojos de lucero de la Aurora este fuego que me abrasa, y así yo –pobre devoto- que te invoca y te venera, cantaré tus perfecciones inefables y en el nombre de tu pueblo numeroso, todo el orbe llenarán tus alabanzas. ¡Bienvenidos, compatriotas! Nuestro Norte os presenta ante la reina de la Pampa, la querida y bondadosa, la divina protectora de la Patria! Que la notas surjan tiernas, y sinceras y vibrantes desde el fondo de las almas, en un himno al que hagan eco vuestros hijos, vuestros padres, vuestros nietos, en la dicha de sus campos y en la calma de sus casas. Sea el cant...