..El asunto no es aprender o no el latín. Él ya vive y convive con cada uno de nosotros pues es el alma de nuestra lengua. Con el latín, vemos que las irregularidades y las temibles excepciones de las mentadas y poco utilizadas gramáticas no son ni irregularidades ni accidentes ni excepciones.Y todo se apodera de una lógica más pura y diáfana y previsible.
Si sabemos bastante latín habremos ampliado nuestro horizonte lingüístico...
ABRAHAM SEGUEL OBREQUE

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